sábado, noviembre 01, 2003

Algo que escribi hace unos dias... quiza lo trabaje mas, quiza no.

Cuando entró en la oficina, empezó a quitarse capas y más capas de ropa, quedándose finalmente con una camiseta negra y unos téjanos. Era increíble el contraste de calor entre la calle y el interior del edificio. Finalmente se sentó frente a su pantalla y, tras conectarse a la red, se sumergió de pleno en un mundo de ceros y unos, un mundo de verdadero o falso, donde todo es más sencillo que en el mundo “real”. Poco a poco sus manos entraron en calor, aumentando el ritmo de las pulsaciones en su teclado, aunque hacía mucho que eso había perdido todo sentido para ella, ya no era algo gratificante, sino que se había convertido en algo mecánico que hacía para evadirse de la fea realidad... la fea soledad.
Las horas transcurrieron veloces, hasta que el reloj marcó el fin de la jornada laboral, momento en el cual empezó con la tarea de volver a ponerse encima toda la ropa necesaria como para no pasar frío, ocultando su delgado cuerpo bajo las capas de ropa que deberían protegerla del invierno de la calle, si bien no la cuidarían del invierno de la gente.
Al salir a la calle todo era asfalto y cristal, un mundo en el que nadie la miraba, así como ella no miraba a nadie. Echo a andar hacia su casa, un largo trayecto, pero por algún extraño motivo, no le apetecía tomar el autobús. Ojala lo hubiera hecho.
Sus pasos eran largos, seguros, las botas marcando firmemente sobre el asfalto, sin bajar ni subir el ritmo en ningún momento, mientras su mente se perdía en lo más profundo de sus pensamientos, de sus recuerdos. De improviso, ruidos en un callejón. En su mente algo le dice que no se acerque, después de todo no es asunto suyo, sin embargo su cuerpo actua sin hacer caso alguno de su razón. Demasiados años de entrenamiento, de comportarse de un modo automático ante el peligro como para ignorarlos ahora.
Al acercarse al callejón ve a un grupo de tres chicos, no tendrían mas de dieciséis o diecisiete años, empujando a una chica contra una pared. Las ropas paramilitares y el pelo rapado le dicen todo lo que necesita saber de ellos. El miedo en la mirada de la chica dice todo lo que necesita para meterse en la pelea. Cogió un palo del suelo, acercándose al grupo, tosiendo suavemente para atraer la atención de los chicos.

-Creo que la señorita preferiría que no la tocaseis.- Su voz ronca suena con un tono levemente irónico, previendo el conflicto. La adrenalina empezaba a correr por sus venas, calentándole la piel, tensando sus músculos y proporcionándole de una claridad de percepción que hacía que su estado anterior fuese similar a vivir inmersa en la niebla.
-Lárgate si no quieres cobrar tu también, esto es algo entre ella y nosotros.- Las miradas que se dirigieron entre ellos le mostraron como no se atrevían a un tres contra dos, no era suficiente ventaja, aunque esas dos fuesen mujeres. Este pensamiento le provocó una sonrisa que se amplió aun más al ver como la chica la miraba con una mezcla de pánico y sorpresa.
-No.

Y con esa palabra soltó un golpe al tipo que tenía mas cerca. Era una locura, su cerebro no hacía más que repetírselo, pero una locura que alguien tenia que hacer. En ese instante los otros dos echaron manos a cadenas y puños americanos. De improviso empezó una especie de danza donde la única que conocía los pasos era ella: esquiva, golpea, esquiva, golpea... Tras recibir varios golpes cada uno, los chicos decidieron salir a buscar refuerzos. La chica la miraba, aterrada, y a los pocos segundos salió huyendo del callejón, seguramente sin saber con quien corría más peligro. Daba igual: se esperaba algo parecido.
Todavía tardo un rato en llegar a su cada y, al quitarse el abrigo, notó la sangre cayendo de una de sus manos. Habían llegado a cortarla en la pelea. Sin apresurarse, fue al botiquín y se vendo la mano, mirándose a continuacion en el espejo. Soledad, derrota, resignación... todo eso y poco mas era lo que vio. Una sonrisa se asomó a su mirada. Ninguna de esas tres cosas eran una buena cualidad... pero juntas, quiza, hubiesen cambiado esa noche la vida de una persona.

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