lunes, mayo 25, 2009

Strangers In Paradise: Pictures of You

Las cosas que encuentra una por casualidad... una de mis mayores fuentes de inspiración en tantos sentidos... de mayor quiero llegar a ser como Katchoo. O, tal vez, tener la suerte de Tambi... no lo sé. Aún estoy decidiendolo. Mientras tanto... disfruto releyendo.

Y soñando. Siempre soñando.


Por cierto, lo que es la música propiamente dicha dura 3.10

jueves, mayo 21, 2009

Fabulas

Echo de menos a Blancanieves. Y a Rosa Roja. Y al señor Feroz. E incluso a Jack. Ya no es lo mismo desde que ellos no estan... y esta canción me recuerda tanto a ellos... de hecho me hace preguntarme que pensará la señorita Nieves al respecto...

Choices




Este relato es algo a lo que llevo meses dandole forma en mi cabeza y, por fín, he decidido escribir hoy. A menudo tomamos decisiones en nuestra vida que marcan todo lo que ocurrirá a partir de ese momento. A veces dichas decisiones no tienen que ver con lo que pensamos que es mejor para nosotros, sino con lo que pensamos que la gente aprobará.
En otras ocasiones son decisiones poco meditadas que tienen que ver con el hecho de que, asumamoslo, el ser humano tiende a escoger siempre lo fácil, lo cómodo, sin reflexionar sobre las consecuencias de sus actos.
Sobre este tema, el de las decisiones y sus consecuencias, recomiendo leer el libro Replay o ver la película Dos vidas en un instante. Son ambos bastante ilustrativos respecto a lo que quiero decir... y sobre como una decisión tomada en un momento dado puede cambiar totalmente nuestra vida. Aunque sea una, en apariencia, tontería.


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Al atravesar las puertas de mi antiguo instituto me dí cuenta de lo poco que había cambiado el edificio en los últimos años. Aunque ahora me parecía muchísimo más pequeño o, tal vez, fuese yo quien había crecido. No lo supe en aquel momento, ni lo sé ahora. Seguí los carteles que indicaban donde tenía lugar la reunión de antiguos alumnos de mi promoción, cruzándome con algunas caras que me resultaban familiares a pesar de la huella que los años estaban condenados a dejar. Me preguntaba si ellos pensarían también que me conservaba mal.
Una vez cogí mi acreditación, una tarjeta de cartón con mi nombre, y me la puse en la solapa de la chaqueta entré en el auditorio. La música de fondo resonaba por todo el lugar mientras me acercaba a las mesas de la comida, arrugando la nariz al ver que la calidad de la misma no había mejorado con el paso del tiempo. Y yo que había ido pensando que, ya que no eramos alumnos, nos darían algo que no pareciese estar a punto de inventar la rueda. Iba a acercarme a la mesa de las bebidas cuando noté una mano sobre mi hombro.

- ¡Alex! ¡Cuanto tiempo! La última vez que nos vimos fue en la boda de mi hermana y de eso hace casi dos años... ¿Cómo te va la vida?- Allí estaba... su hermano. Rubio, alto, guapo, seguro de sí mismo... e increíblemente inocente. Una de esas personas que daba igual cuanto tiempo pasase, seguirían viendo la vida desde la perspectiva de un niño para el que todo el mundo es bueno y amable aunque, de vez en cuando, tuviese la sabiduría de un anciano que conoce las motivaciones de los demás.
- No puedo quejarme, Tomy, no puedo quejarme. Ya sabes como es esto: mucho trabajo, muchas horas, buen sueldo y poco tiempo para gastarlo. Pero, al menos, hago algo que me gusta, así que no todo es malo. ¿Tú que tal?¿Tus padres bien?- siempre me sorprendía cuando la gente intentaba mezclar las preguntas cuya respuesta realmente necesitaba con otras que, aunque también les interesasen, eran mucho más mundanas. Ahora lo hacía yo.- ¿Y tú hermana?
- Bien, como siempre, ya sabes. Mis padres están muy contentos con eso de que van a ser abuelos.- Ahí fue cuando sentí como si el peso del mundo descansase sobre mis hombros de repente. Ahora comprendía a Atlas... o a Damocles, todavía no lo tengo muy claro. De golpe me entraron ganas de vomitar y, seguramente, todo eso se tradujo en mi rostro ya que, al instante, Tomy me miraba con preocupación.- Alex, ¿te encuentras bien? Nunca había visto a nadie cambiar tan rápido de color... ¿No habrás sido tan inconsciente de probar el catering, verdad?- El comentario consiguió arrancarme una débil sonrisa mientras desviaba mi mirada. No podía mentirle mientras le miraba a los ojos. Me recordaban tanto a los de su hermana... tal vez tuviese algo que ver con el hecho de que sean mellizos.
- Sabes que siempre me gustaron las emociones fuertes... tranquilo, se me pasará. Si no me mata en los próximo veinte minutos, claro. Así que vas a ser tío... estarás contento. ¿Dónde esta tu hermana? Estas noticias merecen una felicitación.- Mientras hablaba no podía dejar de pensar "por favor, que no haya venido, no me tortures de esa manera..."
- Sí... llegó con su marido hace un rato.- Algo en su tono de voz al mencionar al marido indicaba que, a pesar de todo, no le caía muy bien. Lo que me hacía preguntarme que había pasado en el tiempo que llevaba fuera de la ciudad.- Si tenemos suerte en una hora o así se cansaran de hacer el númerito de ejecutivo agresivo y mujer florero y podrás saludarla.- Ese comentario contestaba, evidentemente, a mi pregunta. Momento de cambiar de tema.
- Bueno, ¿y no te animas a sentar la cabeza? - La mirada que Tomy me echó era digna de una foto. Apenas pude aguantar unos segundos antes de echarme a reír.- Tranquilo, tigre, ya sabes que yo no soy quien para hablar de esas cosas, sólo te estaba picando.
- Ahí te equivocas, Alex... siempre he pensado que si no has sentado la cabeza es porque no quieres. Me apuesto lo que quieras a que ofertas no te faltan.- La seriedad en su mirada indicaba que había pasado de niño inocente a anciano que sabe más de lo que dice. Odiaba cuando hacía eso y, sobretodo, odiaba el que rara vez se equivocase.- Otra cosa es que sigas esperando algo que no vaya a ocurrir, por mucho que todos lo lamentemos.
- ¿Esperar? Hombre aparte de a la persona adecuada... ya sabes, es distinta la persona a quien buscas para pasar un buen rato que la persona con quien quieres compartir tu vida.- Con un poco de suerte tal vez lo dejase pasar...- Sólo hay que tener paciencia.
- No cuando te has enamorado ya de alguien, ¿verdad?- No, no lo iba a dejar pasar... recordando la conversación que tuve con su padre durante la boda de su hermana no pude evitar pensar "¿qué les pasa en esta familia? Cualquiera diría que en otro sitio se alegrarían de que su hija estuviese casada y embarazada".- Nunca entenderé porque no luchaste... tu que siempre peleabas por todo lo que querías y dejaste irse a quien más te importaba.
- Dejalo, Tomy. Ella tomó sus elecciones. Yo tomé las mías. Ya no hay vuelta atrás.- Necesitaba salir de allí cuanto antes. No sabía si podría mantener mi compostura de encontrármela en ese momento.- Oye, mira, mañana cojo un vuelo demasiado pronto... saluda de mi parte a tu hermana cuando la veas, ¿vale? Y cuidate.

Sin esperar su respuesta me giré para irme... Y allí estaba. Preciosa, con un vestido que le quedaba como un guante, mostrando su embarazo, sonriendo ante algo que le estaba contando el grupo con el que hablaba. Parecía tan feliz del brazo de su esposo... Entonces se volvió y pude verle los ojos. Y comprendí lo que le ocurría a su familia. Parecía feliz. Parecía sonreír. Pero nada de ello se reflejaba en su mirada... su mirada estaba vacía, triste. Como si esperase algo que sabía que no iba a ocurrir.
Y, en ese momento, me vio.
Fue increíble ver todas las emociones que pasaron por sus ojos en el intervalo de apenas un par de segundos: sorpresa, miedo, anhelo, esperanza y, de nuevo, tristeza. Lo que le había dicho a Tomy era cierto. Ella había tomado su decisión hacía diez años. Y yo la mía. Nada podría cambiar eso, aunque supusiese una condena a muerte de soledad, como decía la canción. Verla de nuevo... hizo que supiese que era el momento de irme antes de hacer alguna estupidez que no me haría ningún bien. De manera que, como tantas veces a lo largo de tantos años, me despedí de ella con un gesto, llevando mi mano a una imaginaria visera.
Mientras caminaba hacía la sálida y mi coche de alquiler me preguntaba como había dejado a mi secretaría que me convenciese de ir a esa reunión. Supongo que tenía que ver con el hecho de que se hubiese propuesto cuidarme como una madre aparte de encargarse de mi agenda y mis reuniones. "Te hará bien" me dijo. "Verás viejos amigos y te reirás un poco" comentó. "Además, seguro que aprendes algo nuevo" concluyó. Repasando mentalmente los argumentos que me dio para convencerme, caí en el detalle. Sabía algo que no me estaba contando. Cuando volviese a mi oficina tendría que hablar largo y tendido con ella.
Saqué las llaves del coche y noté un papel en el bolsillo de mi chaqueta. Abriéndolo vi que era una foto de Tomy, su hermana y yo. No debíamos tener más de quince o dieciséis años y los tres sonreíamos a la cámara... eran sonrisas que llegaban a nuestros ojos. Eramos felices. Tomy debía haberla metido en mi bolsillo mientras hablabamos. Di la vuelta al papel y vi que había algo escrito a lapiz. Al leerlo no pude evitar derramar una lágrima.

"No ha vuelto a sonreír así desde que te sacó de su vida".

Lástima que no dependiese sólo de mi el volver a ella.

Finis.

jueves, mayo 07, 2009

Escala de grises

Gris. Así había sido su vida durante años. Gris y sin color. Recordaba, claro que lo recordaba, que hubo una época, hacía mucho tiempo, donde había estado llena de color y de alegría. Por aquel entonces no entendía los colores oscuros, tristes, duros. Y entonces el color desapareció de su vida.
Sin previo aviso.
De repente.
Sin ningún tipo de anestesia para mitigar el dolor de la pérdida.
Las personas que la querían, o eso creía aunque sus acciones a veces le hiciesen dudarlo, intentaron que el color volviese a su vida. Citas a ciegas a cada cual más... extraña, aunque algunas conseguían llevar una, breve, sonrisa a sus labios. O reuniones familiares, teniendo en cuenta que la única persona a la que le unía la sangre en ellas era su sobrina... pero hay muchos tipos de familia. O fiestas... aunque, tal vez, esas no contasen ya que el hecho de organizarlas y acudir a ellas suponía parte de sus labores. De todas maneras, teniendo en cuenta lo que se tomase en cuenta, la conclusión era siempre la misma: nada había funcionado. El color huía de su vida.
Hasta que dejo de hacerlo.
La primera vez que lo vio... no supo reconocer lo que era. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que pudo contemplar algo así. Pero poco a poco lo identificó... era muy parecido a como fue antes de perderlo pero no exactamente igual. Tal vez fuese porque, después de tanto tiempo viviendo en escala de grises, había perdido las facultades para poder apreciar todo el espectro de colores. Pero era color, al fin y al cabo. Algo sin lo que había creído que podría vivir y que al volver a sentir se había dado cuenta que se había limitado a sobrevivir.
Entonces creyó que volvería a perderlo.
Lo que la llevaba a aquel momento, en aquella habitación de hospital.
Habían pasado muchos años desde que había vivido algo similar, que no igual. En aquella ocasión sólo podía observar tras gruesas paredes de cristal, esperando impotente. Ahora estaba sentada, hablando a la persona que yacía en la cama ya que le habían dicho que eso podría hacerle bien. Hablaba de todo... de como había ido su día, del libro que se estaba leyendo, de la última travesura de su gata... De lo que fuese.
Y poco a poco, día a día, se daba cuenta de un detalle que la ponía, cada vez, más nerviosa. El detalle es que el color había vuelto a su vida. ¿El problema? Que era muy parecido a como fue la última, única, vez. De manera que se preguntaba, incesantemente, si lo bueno eran sólo las similitudes o si, en realidad, era todo el conjunto. Y esa pregunta la aterraba.

Finis.

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