jueves, mayo 21, 2009

Choices




Este relato es algo a lo que llevo meses dandole forma en mi cabeza y, por fín, he decidido escribir hoy. A menudo tomamos decisiones en nuestra vida que marcan todo lo que ocurrirá a partir de ese momento. A veces dichas decisiones no tienen que ver con lo que pensamos que es mejor para nosotros, sino con lo que pensamos que la gente aprobará.
En otras ocasiones son decisiones poco meditadas que tienen que ver con el hecho de que, asumamoslo, el ser humano tiende a escoger siempre lo fácil, lo cómodo, sin reflexionar sobre las consecuencias de sus actos.
Sobre este tema, el de las decisiones y sus consecuencias, recomiendo leer el libro Replay o ver la película Dos vidas en un instante. Son ambos bastante ilustrativos respecto a lo que quiero decir... y sobre como una decisión tomada en un momento dado puede cambiar totalmente nuestra vida. Aunque sea una, en apariencia, tontería.


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Al atravesar las puertas de mi antiguo instituto me dí cuenta de lo poco que había cambiado el edificio en los últimos años. Aunque ahora me parecía muchísimo más pequeño o, tal vez, fuese yo quien había crecido. No lo supe en aquel momento, ni lo sé ahora. Seguí los carteles que indicaban donde tenía lugar la reunión de antiguos alumnos de mi promoción, cruzándome con algunas caras que me resultaban familiares a pesar de la huella que los años estaban condenados a dejar. Me preguntaba si ellos pensarían también que me conservaba mal.
Una vez cogí mi acreditación, una tarjeta de cartón con mi nombre, y me la puse en la solapa de la chaqueta entré en el auditorio. La música de fondo resonaba por todo el lugar mientras me acercaba a las mesas de la comida, arrugando la nariz al ver que la calidad de la misma no había mejorado con el paso del tiempo. Y yo que había ido pensando que, ya que no eramos alumnos, nos darían algo que no pareciese estar a punto de inventar la rueda. Iba a acercarme a la mesa de las bebidas cuando noté una mano sobre mi hombro.

- ¡Alex! ¡Cuanto tiempo! La última vez que nos vimos fue en la boda de mi hermana y de eso hace casi dos años... ¿Cómo te va la vida?- Allí estaba... su hermano. Rubio, alto, guapo, seguro de sí mismo... e increíblemente inocente. Una de esas personas que daba igual cuanto tiempo pasase, seguirían viendo la vida desde la perspectiva de un niño para el que todo el mundo es bueno y amable aunque, de vez en cuando, tuviese la sabiduría de un anciano que conoce las motivaciones de los demás.
- No puedo quejarme, Tomy, no puedo quejarme. Ya sabes como es esto: mucho trabajo, muchas horas, buen sueldo y poco tiempo para gastarlo. Pero, al menos, hago algo que me gusta, así que no todo es malo. ¿Tú que tal?¿Tus padres bien?- siempre me sorprendía cuando la gente intentaba mezclar las preguntas cuya respuesta realmente necesitaba con otras que, aunque también les interesasen, eran mucho más mundanas. Ahora lo hacía yo.- ¿Y tú hermana?
- Bien, como siempre, ya sabes. Mis padres están muy contentos con eso de que van a ser abuelos.- Ahí fue cuando sentí como si el peso del mundo descansase sobre mis hombros de repente. Ahora comprendía a Atlas... o a Damocles, todavía no lo tengo muy claro. De golpe me entraron ganas de vomitar y, seguramente, todo eso se tradujo en mi rostro ya que, al instante, Tomy me miraba con preocupación.- Alex, ¿te encuentras bien? Nunca había visto a nadie cambiar tan rápido de color... ¿No habrás sido tan inconsciente de probar el catering, verdad?- El comentario consiguió arrancarme una débil sonrisa mientras desviaba mi mirada. No podía mentirle mientras le miraba a los ojos. Me recordaban tanto a los de su hermana... tal vez tuviese algo que ver con el hecho de que sean mellizos.
- Sabes que siempre me gustaron las emociones fuertes... tranquilo, se me pasará. Si no me mata en los próximo veinte minutos, claro. Así que vas a ser tío... estarás contento. ¿Dónde esta tu hermana? Estas noticias merecen una felicitación.- Mientras hablaba no podía dejar de pensar "por favor, que no haya venido, no me tortures de esa manera..."
- Sí... llegó con su marido hace un rato.- Algo en su tono de voz al mencionar al marido indicaba que, a pesar de todo, no le caía muy bien. Lo que me hacía preguntarme que había pasado en el tiempo que llevaba fuera de la ciudad.- Si tenemos suerte en una hora o así se cansaran de hacer el númerito de ejecutivo agresivo y mujer florero y podrás saludarla.- Ese comentario contestaba, evidentemente, a mi pregunta. Momento de cambiar de tema.
- Bueno, ¿y no te animas a sentar la cabeza? - La mirada que Tomy me echó era digna de una foto. Apenas pude aguantar unos segundos antes de echarme a reír.- Tranquilo, tigre, ya sabes que yo no soy quien para hablar de esas cosas, sólo te estaba picando.
- Ahí te equivocas, Alex... siempre he pensado que si no has sentado la cabeza es porque no quieres. Me apuesto lo que quieras a que ofertas no te faltan.- La seriedad en su mirada indicaba que había pasado de niño inocente a anciano que sabe más de lo que dice. Odiaba cuando hacía eso y, sobretodo, odiaba el que rara vez se equivocase.- Otra cosa es que sigas esperando algo que no vaya a ocurrir, por mucho que todos lo lamentemos.
- ¿Esperar? Hombre aparte de a la persona adecuada... ya sabes, es distinta la persona a quien buscas para pasar un buen rato que la persona con quien quieres compartir tu vida.- Con un poco de suerte tal vez lo dejase pasar...- Sólo hay que tener paciencia.
- No cuando te has enamorado ya de alguien, ¿verdad?- No, no lo iba a dejar pasar... recordando la conversación que tuve con su padre durante la boda de su hermana no pude evitar pensar "¿qué les pasa en esta familia? Cualquiera diría que en otro sitio se alegrarían de que su hija estuviese casada y embarazada".- Nunca entenderé porque no luchaste... tu que siempre peleabas por todo lo que querías y dejaste irse a quien más te importaba.
- Dejalo, Tomy. Ella tomó sus elecciones. Yo tomé las mías. Ya no hay vuelta atrás.- Necesitaba salir de allí cuanto antes. No sabía si podría mantener mi compostura de encontrármela en ese momento.- Oye, mira, mañana cojo un vuelo demasiado pronto... saluda de mi parte a tu hermana cuando la veas, ¿vale? Y cuidate.

Sin esperar su respuesta me giré para irme... Y allí estaba. Preciosa, con un vestido que le quedaba como un guante, mostrando su embarazo, sonriendo ante algo que le estaba contando el grupo con el que hablaba. Parecía tan feliz del brazo de su esposo... Entonces se volvió y pude verle los ojos. Y comprendí lo que le ocurría a su familia. Parecía feliz. Parecía sonreír. Pero nada de ello se reflejaba en su mirada... su mirada estaba vacía, triste. Como si esperase algo que sabía que no iba a ocurrir.
Y, en ese momento, me vio.
Fue increíble ver todas las emociones que pasaron por sus ojos en el intervalo de apenas un par de segundos: sorpresa, miedo, anhelo, esperanza y, de nuevo, tristeza. Lo que le había dicho a Tomy era cierto. Ella había tomado su decisión hacía diez años. Y yo la mía. Nada podría cambiar eso, aunque supusiese una condena a muerte de soledad, como decía la canción. Verla de nuevo... hizo que supiese que era el momento de irme antes de hacer alguna estupidez que no me haría ningún bien. De manera que, como tantas veces a lo largo de tantos años, me despedí de ella con un gesto, llevando mi mano a una imaginaria visera.
Mientras caminaba hacía la sálida y mi coche de alquiler me preguntaba como había dejado a mi secretaría que me convenciese de ir a esa reunión. Supongo que tenía que ver con el hecho de que se hubiese propuesto cuidarme como una madre aparte de encargarse de mi agenda y mis reuniones. "Te hará bien" me dijo. "Verás viejos amigos y te reirás un poco" comentó. "Además, seguro que aprendes algo nuevo" concluyó. Repasando mentalmente los argumentos que me dio para convencerme, caí en el detalle. Sabía algo que no me estaba contando. Cuando volviese a mi oficina tendría que hablar largo y tendido con ella.
Saqué las llaves del coche y noté un papel en el bolsillo de mi chaqueta. Abriéndolo vi que era una foto de Tomy, su hermana y yo. No debíamos tener más de quince o dieciséis años y los tres sonreíamos a la cámara... eran sonrisas que llegaban a nuestros ojos. Eramos felices. Tomy debía haberla metido en mi bolsillo mientras hablabamos. Di la vuelta al papel y vi que había algo escrito a lapiz. Al leerlo no pude evitar derramar una lágrima.

"No ha vuelto a sonreír así desde que te sacó de su vida".

Lástima que no dependiese sólo de mi el volver a ella.

Finis.

7 comentarios:

Raven dijo...

"You just have to let the right amount of time pass and time itself will place everyone on their place"

Profesor James Moriarty dijo...

/me se quita el sombrero

Brutal, cuanta razón, que bueno, me encanta.

Elena dijo...

A veces las elecciones son provisionales, cada instante cambian las circunstancias y las opciones. Algunas encrucijadas nunca se vuelven a encontrar, a otras solo hay que volver... en el momento adecuado. No es bueno rendirse.

la reina del hielo dijo...

Te ha quedado fantástico, como siempre. Pero yo discrepo. No creo que estemos destinados sólo a querer a una persona y no nos enamoremos nunca más. Hay cosas que te marcan, pero hay que seguir adelante.

laparca dijo...

Como dice meri, no hay una media naranja. El ser humano está pensado para poder estar, en principio, con cualquiera. Luego, el que prefiramos a unos antes que a otros depende de otro temas.

Por otro lado, al personaje principal le pasa como a los que aparecen en Midnight Nation, que creen que no pueden cambiar las cosas así que las dejan estar, aunque eso sea peor para ellos. Casi siempre está en nuestra mano cambiar las cosas, no es bueno agachar la cabeza, mirar para otro lado o huir.

Vircoph dijo...

Me temo que discrepo con vosotros, Mery, Laparca.

No se trata de agachar la cabeza y huir. Tampoco de quedarse con esa media naranaja.
Simplemente hay que toca elegir que hacer, y siempre hay opciones. La primera es renunciar a ello y continuar, como bien decis. La segunda es hacer el gipilollas y dedicarse a acosar a la persona en cuestión xD

La tercera es la más dura, siempre, pero como es una elección y la escoge uno, pues solo toca conformarse con el apleativo de masoca. Y consiste en no dar un solo paso adelante (por que no puedes, por que no te dejan, por que hacerlo supondría el fin de la historia irremediablemente), pero tampoco un solo paso atrás.

Te lo dije el otro dia, riva, y te lo repito. Me ha gustado especialmente esta entrega. :)

Besos!
Virc.

Alphard dijo...

Hace mucho que lo leí, y aún hoy no deja de humedecer mis ojos...El tomar decisiones, siendo estas buenas o no, siempre dejan un sabor insoluble en la vida. Y el aceptarlo dentro de la existencia muchas veces lo rodea la resignación.
Algunas veces decidimos por otros sin saber si quiera que sea lo que quieren en realidad éstas. Por eso siempre que la decisión rodea a dos, es mejor que se tome entre los dos.
La historia me gustó mucho, no puedo decir que es la mejor de entre todas la que he tenido la oportunidad de leer aquí, pues todas tienen un estilo diferente, aunque la escritora sea la misma.
La última frase es tan cierta que nadie puede contrariarla.
Te debía este comentario...así que aquí está...;)

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